Donovan Balanta murió bajo custodia de la Policía, luego de un procedimiento en el que fue perseguido, reducido, golpeado y sometido a descargas eléctricas por agentes policiales. De acuerdo con las denuncias de su familia y testigos, las agresiones continuaron incluso cuando Donovan ya se encontraba esposado y en el suelo. Durante el procedimiento también fueron denunciados insultos racistas y expresiones relacionadas con su color de piel. Donovan manifestó que no podía respirar y que sentía un fuerte dolor en el pecho mientras permanecía bajo custodia policial. Murió esa misma noche.
Las denuncias de trato racista no terminan allí. Elisair Vivero, familiar de Donovan y también afro, denunció que posteriormente, cuando agentes de la Policía llegaron a su vivienda, fue objeto de expresiones y tratos racistas. Se trata de un episodio distinto al ocurrido durante la captura de Donovan, pero que hace parte de las denuncias que rodean este caso y que también deben ser esclarecidas.
Estos hechos exigen una investigación que no reduzca lo ocurrido a un procedimiento policial con un desenlace fatal. Las denuncias sobre agresiones, insultos racistas y tratos discriminatorios deben ser investigadas con enfoque étnico-racial, estableciendo las responsabilidades correspondientes y garantizando verdad, justicia y reparación para la familia.
La violencia policial no puede reproducir ni profundizar las formas de discriminación que históricamente han afectado a las personas negras. El racismo atraviesa las instituciones cuando los prejuicios sobre los cuerpos negros terminan acompañando las prácticas de control, vigilancia y uso de la fuerza.
