Por: Sara Melisa Jiménez, Corporación Justicia y Democracia
El 22 de septiembre, en la zona rural de La Macarena (Meta), Luis Carlos Mojica Guzmán fue asesinado durante un operativo de la Fuerza Pública. Las declaraciones oficiales del Ejército Nacional señalaron que Luis Carlos hacía parte del “Grupo Armado Organizado residual Estructura Jhon Linares del Bloque Jorge Suárez Briceño, facción Calarcá”, donde operaba con el “alias Rafael, parte del anillo de seguridad de alias Rogelio Benavides, señalado cabecilla de esta estructura”.(Ejército Nacional de Colombia)
Sin embargo, tras el operativo, la Junta de Acción Comunal (JAC) de la vereda Guaduales Nueva Esperanza, emitió una denuncia pública dada a conocer por Indepaz y dirigida a la Fiscalía, la Procuraduría, el Ministerio de Defensa, la Defensoría del Pueblo y las gobernaciones del Meta y del Guaviare, entre otras entidades. Donde asegura que Mojica era un civil afiliado a la JAC de la vereda Puerto Cachicamo, que no portaba armas, ni representaba peligro y que habría recibido disparos de integrantes del Ejército cuando se acercó a ver qué ocurría.
Según la denuncia, hacia las 12:30 del mediodía, tropas del Ejército llegaron sin identificarse a la vivienda de una pareja de campesinos que estaba con sus dos hijos menores de edad. Los militares habrían llegado “de manera arbitraria y violenta”. A la mujer la habrían abordado cerca de la casa mientras trabajaba en la finca y la habrían amarrado, golpeado y obligado a quitarse la ropa mientras la interrogaban. Otro grupo de militares habría retenido dentro de la vivienda al hombre y a los niños. La JAC califica esos hechos como un secuestro cometido por la Fuerza Pública contra civiles afiliados a la comunidad.
Cerca de las 3:35 de la tarde, la familia seguía en esa situación cuando Luis Carlos Mojica Guzmán se acercó a la casa para saber qué pasaba. De acuerdo con los testigos citados en la denuncia, los soldados le dispararon sin mediar palabra, en presencia de uno de los niños. Los testigos aseguran que Mojica no tenía armas y que le dispararon con sevicia, descargándole el fusil mientras lo insultaban.
Lo que siguió, agrava el cuadro, pues las tropas habrían disparado de manera indiscriminada sin un objetivo militar que representara peligro y habrían dejado a la familia, como escudo humano. Posteriormente, la comunidad vecina habría llegado alertada por los disparos, sin embargo, fueron intimidados e incluso a uno lo habrían tirado al suelo apuntándole con el fusil.
Ya entrada la noche, la comunidad habría logrado llegar a la finca donde se encontraron con el cuadro de una madre y con unos niños aterrados y, según la denuncia, casquillos, impactos de bala y rastros de lo ocurrido. El cuerpo de Mojica no apareció: lo habrían recogido las tropas.
Ahora bien, ambas versiones no pueden ser ciertas. En una, un integrante del anillo de seguridad de un cabecilla murió en combate, mientras que, en la otra, un campesino desarmado fue baleado en medio de una retención ilegal, frente a una familia con niños. Sin embargo, la versión de la comunidad no es una acusación vaga pues contiene hora, testigos, un lugar de los hechos con rastros y una lista de exigencias, entre ellas la identificación de todos los militares que participaron. También hay una denuncia por el trato dado a una mujer y por la exposición de dos menores a las armas y la violencia. Tiene, además, una exigencia primordial que es la investigación del cuerpo del fallecido, pues éste sigue en manos de los señalados.
Gracias a esto, la Defensoría del Pueblo, encabezada por Iris Marín, pidió al Ejército y al Ministerio de Defensa la información completa y solicitó a las autoridades competentes esclarecer con debida diligencia los hechos, -incluida la muerte reportada- y determinar responsabilidades.
Ahora bien, creerle ciegamente al Ejército sería dejar sin voz a las víctimas. Esa voz es la puerta de entrada a la verdad, a la reparación y a la no repetición. Si se presume que toda persona abatida era un objetivo legítimo, la familia de Mojica, la mujer que denuncia haber sido agredida y los niños que presenciaron los hechos quedan sin espacio para reclamar y poder ser reparados. Exigir verificación no es negar la amenaza real de los grupos armados ni presumir mala fe de toda la tropa. Es aplicar a las Fuerzas Militares el mismo estándar de cualquier institución del Estado donde ante una denuncia grave, se investiga con independencia antes de cerrar el relato.
Aun así, es necesario situar este caso no como un hecho aislado de los recientes operativos hechos por parte de la Fuerza Pública en las zonas rurales del país, sino como un hecho sistemático en un ambiente político donde éstas ganan poder y lugar en la vida civil y en donde la presión por mostrar resultados contra las estructuras armadas parece pesar más que las garantías de la población.
Desde la Corporación Justicia y Democracia denunciamos este hecho en contra de la población civil, urge que haya:
📌Una investigación inmediata, independiente, imparcial y exhaustiva de la Fiscalía sobre la muerte de Luis Carlos Mojica Guzmán, con cadena de custodia sobre el cuerpo y sobre las armas que se le atribuyen.
📌Identificación plena de los militares que participaron en el operativo, incluidos los comandantes y responsables de la operación.
📌Un pronunciamiento público y detallado del Ejército y del Ministerio de Defensa sobre lo ocurrido.
📌Investigación del trato dado a la mujer y de la exposición de los niños a las armas, con atención integral y protección para ellos y para los testigos.
📌Garantías de que no habrá represalias ni estigmatización contra la familia, los testigos y la comunidad campesina por denunciar.
📌Seguimiento especial de la Fiscalía, la Procuraduría y la Defensoría, con información periódica a la comunidad.
📌Reparación integral y garantías de no repetición si se confirma la versión de la comunidad.
Un Estado democrático se mide por lo que hace cuando una comunidad lo señala. Luis Carlos Mojica Guzmán no puede quedar como una cifra más en un informe de resultados. Su familia y su comunidad tienen derecho a la verdad.
