Por: Yeimy Vanessa Ramírez Torres, Corporación Justicia y Democracia
Hace algunas semanas, se registraron múltiples comentarios racistas en redes sociales y algunos espacios mediáticos luego del nombramiento de Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda. Las críticas llegaron de todas partes y bajo muchos disfraces. Para algunas personas, el nombramiento no resulta una jugada estratégica para la campaña del candidato, hay quienes creen que es una falta de respeto con el país por nombrar a una persona “sin la preparación” para el cargo y otros aseguran que su nombramiento solo es algo simbólico, como una “inclusión forzada”.
Aunque el artículo 7 de la Constitución Política de 1991 reconoce a Colombia como una nación pluriétnica y multicultural, como país, nunca se han cuestionado los proyectos políticos elitistas excluyentes, por el contrario, es la norma, porque al parecer el racismo y el clasismo son los elementos que organizan la democracia en Colombia.
De ahí que en redes sociales predominaran los cuestionamientos que no se centraron en sus propuestas, su trayectoria o el proyecto político que representa, sino comentarios despectivos, dirigidos a su apariencia física, su vestuario, su jerga y a las comunidades que ella encarna. De este modo, el debate se desplazó hacia estereotipos y lecturas simbólicas que terminan reduciendo por completo sus capacidades políticas y deslegitimando el derecho de las mujeres indígenas a participar y ocupar espacios de poder.
Lo anterior revela una verdad que, el acceso al poder sigue estando mediado por jerarquías raciales y de género profundamente arraigadas en la cultura Colombiana. El nombramiento de Aida incomoda a ciertos sectores, no por lo que propone, sino porque irrumpe en el imaginario dominante de liderazgo: hombre blanco o mestizo, acomodado, citadino y letrado, como si Colombia operara bajo lógicas cercanas a una aristocracia.
Estas reacciones no son casuales, sino que responden a dinámicas estructurales. Cada vez que cuerpos históricamente excluidos irrumpen en los espacios públicos, se busca deslegitimarlos bajo cualquier excusa, como un mecanismo de defensa para sostener el orden establecido. El poder se estructura a partir de jerarquías racializadas y se da por hecho que ciertos cuerpos no tienen la capacidad para gobernar. A la par, se deslegitiman saberes porque no provienen de títulos y diplomas de instituciones tradicionales, invisibilizando décadas de liderazgo social y procesos comunitarios. Todo ello ocurre en gran medida porque no se ajustan a una expectativa eurocéntrica de lo que cuenta como liderazgo y representación política.
Por otro lado, el género es un elemento que profundiza las desigualdades estructurales y refuerza barreras de acceso y participación, pues Quilcué además de ser indígena, es mujer, lo que implica una intersección de violencias que rara vez se reconoce. Pues no todas las mujeres vivimos la misma opresión cuando participamos en lo público. Las mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas y otras mujeres racializadas han sufrido una exclusión doble, primero por ser mujer y después por pertenecer a grupos históricamente excluidos.
Resulta aún más problemático reducir los ataques a “opiniones” o “libertad de expresión”, pues minimizarlo permite que el racismo siga siendo lo “normal” y despolitizar su impacto es aceptar que hay vidas, cuerpos y pueblos que valen menos, eso es racismo estructural, y mientras siga siendo la norma Colombia difícilmente podrá consolidarse como una democracia real.
Por eso, las reacciones contra Quilcué no son un ataque político, sino la reproducción de la exclusión y la violencia que las mujeres indígenas han tenido que vivir, como si su presencia solo fuera un símbolo cultural, mientras se les niega su agencia en la toma de decisiones, para mantener la estructura de poder intacta. Porque su nombramiento no es solo una candidatura más, Aida representa la posibilidad de otra manera de ver y entender la política, que está ligada al territorio, las comunidades, la defensa de la vida y una visión menos elitista y eurocéntrica de entender los liderazgos.
Esto evidencia cómo las barreras para acceder al poder no son únicamente políticas, sino también estructurales, estando atravesadas por el racismo, el clasismo y el patriarcado.
Cuestionar las narrativas que deslegitiman a liderazgos como el de Aida Quilcué implica avanzar en la defensa de una democracia incluyente, en la que todas las personas –sin distinción de origen étnico, género o condición social-, puedan ejercer plenamente sus derechos políticos.
En ese sentido, promover la igualdad y combatir la discriminación no es solo un principio normativo, sino una condición indispensable para transformar las reglas de juego de la participación política y garantizar que la diversidad que reconoce la Constitución se traduzca en una representación real y efectiva en los espacios de decisión.
Nombrar esta problemática es el primer paso, pero no es suficiente. Colombia debe reconocer y legitimar otras voces, otros saberes y otras formas de hacer política que, aunque incomoden, es lo que nos permitirá consolidar la democracia. En este sentido, las reacciones frente a la candidatura de Aida revelan, en buena medida, el tipo de país que Colombia está dispuesto a ser.
Es un momento crucial para decidir si seguimos reproduciendo las lógicas coloniales del poder o si por el contrario reconoceremos a todos los saberes, pueblos y cuerpos como sujetos políticos plenos. Es momento de dejar de cuestionarnos ¿quién tiene derecho a gobernar?
Y la respuesta no puede seguir siendo la misma de siempre.
Referencias:
Barona, L. (2026, 17 de marzo). ¿Quién es Aida Quilcué, senadora indígena y fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda? El País Cali. https://www.elpais.com.co/elecciones/quien-es-aida-quilcue-senadora-indigena-y-formula-vicepresidencial-de-ivan-cepeda-1751.html
El País Cali. (2026, 9 de marzo). Aida Quilcué, fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, se pronunció: “El pueblo hoy está despierto”. El País Cali. https://www.elpais.com.co/colombia/aida-quilcue-formula-vicepresidencial-de-ivan-cepeda-se-pronuncio-el-pueblo-hoy-esta-despertando-1000.html
Montanaro Mena, A. (2016). Una mirada al feminismo decolonial en América Latina. Dykinson. https://www.dykinson.com/libros/una-mirada-al-feminismo-decolonial-en-america-latina/9788491482949/
Volcánicas. (2026, 11 de marzo). Aida Quilcué, la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda (y el racismo que alborotó el anuncio). Volcánicas Revista. https://volcanicas.com/aida-quilcue-la-formula-vicepresidencial-de-ivan-cepeda/
VolcánicasRev. [@VolcanicasRev]. (2026, 12 de marzo). Aida Quilcué, la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda (y el racismo que alborotó el anuncio) [Publicación en X].
