25N Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres
Por: Vanessa Ramírez, internacionalista. Equipo de Incidencia Política, Corporación Justicia y Democracia.
Las redes sociales son una herramienta de comunicación y participación ciudadana que han permitido la democratización de los debates públicos y políticos. Sin embargo, las mujeres que desafían el sistema y ejercen liderazgos sociales o políticos encuentran allí un espacio violento donde, en lugar de debatir sobre sus ideas, se ataca su género y sus cuerpos.
Tomadoras de decisión, funcionarias públicas, candidatas, periodistas, activistas y mujeres que opinan sobre asuntos públicos enfrentan en estos entornos una violencia que no pretende cuestionar sus propuestas, sino invalidar su presencia en la esfera pública y política.
A simple vista, podría parecer que se trata de insultos aislados hacia una mujer con la que alguien no está de acuerdo. Pero no es así. Esta violencia responde a una estructura histórica y cultural que siempre ha buscado limitar nuestra participación en lo público. Los insultos,
las amenazas, la sexualización, la difamación y el acoso se disfrazan bajo la idea de “libertad de expresión” o bajo términos de moda como “energía femenina” o “tradwife”.
*Tradwife: -esposa tradicional-, mujeres que eligen un estilo de vida centrado en roles de género tradicionales.
La arquitectura tecnológica y la aceptación social permiten que estos ataques se repitan sin consecuencia alguna. Los perfiles falsos, el anonimato y los algoritmos no solo son cómplices de estas agresiones, sino que en ocasiones las premian con viralidad. La falta de regulación hace que la mayoría de los ataques queden en la impunidad.
Esta violencia también se alimenta de una cultura política en la que aún se cuestiona el rol de las mujeres en estos espacios. Todavía persisten creencias que nos consideran menos capaces, menos racionales o demasiado sentimentales. Todavía nos preguntamos si Colombia está “lista” para una mujer presidenta, como si lo determinante para gobernar fuera el género y no las ideas.
Esta realidad resulta especialmente preocupante de cara a las elecciones legislativas y presidenciales de 2026. Tal como se evidenció en la contienda electoral de 2022, las redes sociales son hoy la principal herramienta de las campañas – definen narrativas, construyen reputaciones y, en muchos casos, deciden votos-. Y es desde allí – entornos digitales que moldean e influyen en la opinión pública y política – desde donde la violencia política digital de género busca excluirnos.
Cuando una mujer que participa activamente en la democracia recibe insultos, amenazas o ataques a su maternidad, su cuerpo, su vida personal o su identidad de género, el mensaje no es solo para ella. No se trata de una agresión individual, es un mensaje colectivo destinado a alejar y castigar a todas las mujeres que se atreven a ocupar lo público.
Esta violencia funciona como una herramienta para disciplinarnos. No importa la orilla política, todas las mujeres que participan activamente en política han sido víctimas de agresiones digitales por razón de género.
La invitación es a abordar esta problemática con políticas claras y efectivas, pero también a reflexionar sobre lo que consumimos y replicamos en redes. Los debates deben centrarse en las ideas, no en el género de quien las expresa. Las redes sociales seguirán siendo un escenario de discusión pública y política; debemos promover espacios donde la participación de las mujeres sea libre, segura y no se convierta en una nueva hoguera.
