El pasado 23, 24 y 25 de Julio participamos en el evento “Al Clima con el País” promovido por la organización Climalab. En éste, de la mano con la Cumbre Nacional de Juventudes por el Clima y la Biodiversidad (LCOY Colombia), aportamos a la construcción de insumos para la incidencia política en la acción climática del Caribe. Allí, participamos en espacios de diálogo como “Voces desde el Territorio” y “Soluciones Locales y Adaptación Climática” y en mesas de trabajo sobre Transición Energética Justa y Saberes Ancestrales y Medio Ambiente; además, compartimos reflexiones en el panel: “Retos y oportunidades desde la niñez y las juventudes en incidencia climática”, desde donde sumamos nuestras voces y experiencias para el fortalecimiento de propuestas que serán llevadas ante tomadores de decisiones, reafirmando la importancia de la articulación juvenil en estos espacios.
En ese marco, compartimos algunos sentipensares:
El Caribe: un territorio que resiste
En la Guajira y otros territorios del Caribe, el agua no es solo un recurso, es memoria y vida. Los ríos y arroyos llevan en su corriente historias de pueblos y comunidades indígenas, afros y campesinas, cuya existencia se ve amenazada por la crisis climática y el abandono institucional. Mientras las temperaturas aumentan, niñas, niños y juventudes afectadas por el calor extremo, asisten a las escuelas sin condiciones dignas, revelando una realidad: la justicia climática proviene de la desigualdad social.
Las juventudes del Caribe exigen algo más que participación simbólica. Exigen poder incidir activamente en las decisiones que definen su futuro. Raúl Roy, líder Wayuu, lo resume así: “nosotros somos autoridades ancestrales de este territorio; nuestras voces no necesitan intermediarios”. Pero hoy, el campo se vacía. Los y las jóvenes migran a ciudades donde el aire acondicionado mitiga el calor, mientras en sus tierras faltan oportunidades y sobra olvido. Lo cual demuestra que la crisis climática no solo es ecológica. También es social, cultural y espiritual.
Sembrar resistencias, cosechar soluciones
Frente a la minería destructiva y la degradación ecológica, las comunidades del Caribe han logrado organizarse con estrategias de vida:
🍃Declarar ecosistemas estratégicos, -como la Amazonía-, sujetos de derecho para protegerlos de prácticas relacionadas con la explotación.
🍃Pagos por servicios ambientales que premian a campesinas y campesinos por ser guardianes de los bosques o praderas donde crecieron.
🍃Iniciativas como “firmas conscientes”, la cual nace de los procesos de consultas previas para que las comunidades y especialmente sus líderes se informen sobre los impactos socioambientales que conlleva la implementación de propuestas de proyectos en sus territorios. En estas iniciativas se vinculan la ética y la conservación como eje primordial en la defensa territorial y pervivencia cultural.
Yamelis Molina, líder afro de Barrancas y Hatonuevo, desde su sabiduría territorial, comparte: “sembramos plantas nativas que llaman al agua, pero también sembramos conciencia en nuestros niños. Así la protección de la tierra se vuelve herencia viva”. Este es el puente entre la tradición y el futuro: educación ambiental desde la infancia, programas de siembra y reciclaje con escuelas y liderazgos juveniles acompañados por los y las mayoras desde el amor.
La resistencia que proviene de sus experiencias encarna la esencia de un Caribe que siembra alternativas sustentables para poder cultivar vidas dignas. En donde no se privatice y degrade la tierra, sino que sea respetada y vista como la base de las relaciones con nuestro entorno.
Tejer justicia climática
La adaptación climática solo encontrará rumbo con dirección a la justicia social y para llegar a ese camino debemos como sociedad, romper con viejas jerarquías y tejer nuevos entendimientos, lo que hace necesario incorporar el pluralismo institucional dentro de estos procesos. Es decir, donde las instituciones, desde sus diferentes áreas de acción (ambiente, hacienda, seguridad, finanzas, etc.), interactúen entre sí para proponer soluciones holísticas que hagan frente a las problemáticas de los nuevos retos globales a nivel climático. Así mismo, que entidades como las Corporaciones Autónomas incorporen saberes étnicos, no como anécdotas, sino como eje de sus políticas.
Simultáneamente, es importante crear espacios para un protagonismo juvenil real: niñas, niños adolescentes y jóvenes deben liderar con herramientas pedagógicas que honren sus contextos lejos de las habituales réplicas, donde solo se vende la imagen de los estos y no se dejan soluciones concretas para que haya incidencia real en sus territorios o se tenga en cuenta su participación. Así mismo, es una necesidad crear alianzas sin fronteras donde campesinas, campesinos, pueblos y comunidades afros e indígenas, impartan conjuntamente sus estrategias ancestrales de resiliencia para fortalecer el tejido social frente a la crisis climática.
Transparencia y transición energética justa – TEJ
¿Qué significa realmente la TEJ? Lejos de ser solo el cambio de combustibles a energías renovables, implica desmontar privilegios corporativos y priorizar los derechos fundamentales de las comunidades ancestrales sobre cualquier interés económico. Frente a los proyectos extractivos en los territorios colombianos, las comunidades siempre han alzado la voz. Hoy en día cuando se habla de descarbonizar el desarrollo, también se trata de rechazar cualquier modelo colonial que reproduzca viejos patrones. Dentro de las propuestas de las comunidades, se exige:
🔥Realizar veedurías ambientales comunitarias con poder real para controlar los megaproyectos.
🔥Promover soluciones autogestionadas, como granjas agroecológicas que aseguren soberanía alimentaria, combinadas con energía solar desarrollada por y para los territorios.
🔥Convocar la movilización social constante como ejercicio de visibilización de los conflictos socioambientales que vivencian las personas de los diferentes territorios
Saberes ancestrales, raíz de la resistencia
“Nos dicen que llegamos tarde a clase, pero a las clases occidentales de la primaria y bachillerato. Nosotros llevamos milenios graduándonos en la sabiduría de conocer nuestras tierras”. Esta poderosa reivindicación de los pueblos indígenas sienta las bases de su reclamo. Exigen reconocimiento sin paternalismos: su conocimiento no es “folclor”, es una ciencia profunda que entrelaza lengua, tierra y sanación, y merece respeto en igualdad de condiciones.
Se debe promover la dignidad de origen; resulta fundamental eliminar la vergüenza de ser del campo, de la sierra, de vivir al lado del río. Esta vergüenza no tiene justificación y ha sido impuesta por siglos por los sistemas institucionales y de enseñanzas hegemónicos. Se debe abrazar a nuestro linaje ancestral y enaltecer sus esfuerzos de resistencia. Por esta razón, la educación climática debe ser biocultural, es importante que las nuevas generaciones aprendan del método científico, pero también a interpretar los sonidos del viento y el agua. Integrar estos saberes es imprescindible para enfrentar las posibles consecuencias devastadoras del futuro.
Foro institucional: entre avances y deudas
El diálogo con las instituciones revela tensiones entre avances declarados y deudas profundas. Desde el Ministerio de Ambiente se señala “la necesidad de reformar el Sistema Nacional de Cambio Climático (SISCLIMA)”, subrayando que las soluciones de adaptación o mitigación al cambio climático deben venir de los pueblos y territorios. Sin embargo, muchas comunidades no se relacionan con estos términos o ven las propuestas del Gobierno como algo fuera de sus realidades. Por lo que es importante reconsiderar con qué lenguajes y proyectos de adaptación y mitigación al cambio climático, está llegando la institucionalidad a los territorios.
Desde la Gobernación de la Guajira, uno de los territorios más impactados por el calentamiento global, pero también uno de los que menos acceso al agua tiene, se expone el reto que ha sido promover proyectos de abastecimiento y tratamiento de agua, pues no hay suficientes fondos sostenibles o articulación efectiva. Igualmente, desde la Corporación Autónoma de la Guajira se reconoce que poco sirven los planes de cambio climático territorial, si éstos no llegan a las comunidades.
Estas afirmaciones dejan un mensaje claro: la institucionalidad debe acercarse de lleno a los territorios, articular conjuntamente y adelantar un trabajo en donde no primen las jerarquías institucionales; un trabajo que vaya desde las comunidades hacia las políticas públicas y planes de desarrollo, no al contrario.
Conclusiones
📌La ruta hacia la justicia climática debe instaurar mecanismos y derechos a la participación como las consultas previas, de forma sólida. Las comunidades deben tener poder real para decidir si trabajan conjuntamente o rechazan proyectos (sostenibles o no) en sus territorios.
📌Como sociedad debemos entender que el agua es mucho más que un recurso. Proteger manantiales y fuentes hídricas es defender la existencia misma y las identidades arraigadas a estas.
📌Las redes de resistencia fortalecen las luchas frente a proyectos extractivos y sus impactos como los causados en el Caribe por el Cerrejón y otros megaproyectos que aumentan la desigualdad en Colombia.
📌Las juventudes deben reforzar su arraigo cultural mediante programas que vinculen la escuela, la siembra y la memoria ancestral. Permitiendo que las nuevas generaciones sean las que guíen los procesos de protección territorial con las enseñanzas de sus mayores y mayoras.
📌Los próximos planes de ordenamiento territorial deben priorizar sitios sagrados sobre las concesiones mineras o extractivas como aporte a la preservación de ecosistemas estratégicos claves para enfrentar los nuevos cambios globales.
La crisis climática se combate con democracia y transparencia y eso es innegociable
Por: Javier Santos, equipo de Incidencia Política de la Corporación Justicia y Democracia






